sábado, 14 de mayo de 2016

Manda una señal

Manda una señal, pedía a gritos Maná...


Creo que te das cuenta de que ha llegado esa persona cuando todas las cosas que te daba vergüenza hacer acompañado de alguien empiezan a cobrar sentido.

Cuando quieres compartir partes de ti, partes en forma de recuerdos, en forma de canciones, en forma de películas, en forma de lugares especiales...

Cuando aquellas cosas que creías que a nadie le contarías salen como cualquier otra; cuando se hablan temas serios de la misma manera que el resto, con sinceridad.


De la misma manera que te das cuenta que quizá no es esa persona cuando no te sale hacer planes con ella. No me refiero a ir al cine o a dar un paseo al parque, sino conocer lugares, personas, sitios con magia; cuando quieres viajar, comer, visitar y aprender con esa persona. 


Es muy difícil encontrar el límite entre una persona de las buenas, de las mejores, y la mejor. Cualquier sutil detalle puede marcar la diferencia, pero cuando dudas, cuando esperas algo y a cada cosa que te llega crees que no es suficiente para ir a por todas, quizá sea una señal.



Sin embargo el que no lucha no gana y esto es una lucha de dos, y cuando deja de haber señales la esperanza y la magia se esfuman.




lunes, 9 de mayo de 2016

A30

Existen un montón de tipos, decenas de marcas y miles de modelos de zapatillas. Cada vez que cuando era pequeño iba a comprar unas, era incapaz de decidirme, todas me gustaban. No era capaz de decidir, no podía decidir.

Las cosas cambiaron con el paso de los años; la paciencia y la experiencia hacían mella, y comprendí que no por ver unas muy bonitas al principio debía quedarme con ellas. 
Las veía, me encantaban y me quedaba con su imagen en la cabeza mientras buscaba más, esperando que ninguna me gustase tanto como esas para poder llevármelas, pero claro que las había. Y cuando las encontraba se repetía el proceso.

Resulta que hace un par de años fui a comprar unas zapatillas y seguí ese procedimiento, viendo, seleccionando las que más me gustasen y de entre ellas, eligiendo las mejores. Pero algo cambió, comprendí que si me iba a llevar unas zapatillas que me pondría a todas horas no solo podían gustarme, tenían que enamorarme. 

Y me enamoraron. 

Ni si quiera sé qué tenían de especiales, ni tampoco qué color eran, solo sé que en cuanto las vi olvidé por completo todas las que había visto hasta el momento. No necesitaba mirar más, no necesitaba comparar, sabía que eran esas.

Por más que lo intento no consigo recordar el modelo, la marca o el tipo de zapatillas que eran. Tampoco recuerdo la forma, ni el diseño, ni la combinación de tantos y tantos colores que combinados hacían de esas zapatillas las zapatillas más bonitas que jamás había visto y nunca volveré a ver.



Ni si quiera sé si eran A30 o C50, pero tienes los ojos más bonitos que he visto y veré en toda mi vida.