No te puedo prometer la luna ni tampoco el cielo. No puedo prometerte que todos los días serán mejores incluso que los de las películas, ni que dejará de haber enfados o caras largas.
Ojalá pudiera prometerte que jamás te faltará de nada, y que todo irá como en los cuentos de hadas. Menos aún puedo prometerte una mansión en La Finca ni todos los coches que tú quieras.
Tampoco puedo garantizar que nuestros hijos serán unos santos y los más listos de sus clases.
Sin embargo, sí que puedo prometerte que te voy a dar lo mejor de mí y que lucharé por que todos los días sean los mejores de nuestro cuento. Cuando lleguen los enfados, prometo que los abrazos que vendrán después serán con todo mi alma y todo mi corazón y que haré lo posible para que no solo lleguen esos abrazos después de los momentos malos. Prometo que me esforzaré al máximo para que ningún cuento de hadas ni incluso la mejor película nos llegue a la suela del zapato. Prometo que todo el mundo nos tendrá envidia, envidia de nuestra complicidad, envidia de nuestra confianza, envidia de nuestro amor. Si en algún momento nos faltase algo o no pudiéramos permitírnoslo, intentaré que no lo eches en falta, de la manera que sea, al precio que haga falta. También te prometo que haré todo lo que esté en mi mano para que seamos la familia más unida y feliz que hayas conocido.
Si no te lo crees, si no crees que vaya a cumplir mis promesas, vente conmigo, nuestros hijos te esperan.
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