Hoy he estado en el museo de Julián de Torres, en Córdoba. Nada más entrar ves que es un pintor diferente, que ha conseguido definir su propio estilo, y eso marca la diferencia.
Al principio los cuadros son impresionantes, la manera de pintar, los retratos, los ojos que retransmiten tanta intensidad y tanto sentimiento.. El problema viene cuando sigues andando y te das cuenta de que todos son iguales, que lo que ves en uno lo ves en otro, "a grosso modo".
Sin embargo, al entrar en la última sala todo ha cambiado. De frente había un cuadro de Santa Inés yaciendo muerta, con dos ángeles sobre su cuerpo. Im-presionante, de verdad, increíble las caras de los ángeles, me ha encantado. Ya me iba a dar la vuelta dispuesto a marcharme cuando la he encontrado a ella, a la derecha de Santa Inés, mirándome fijamente a los ojos.
La Samaritana, se llama el cuadro. Sus ojos verdes intensos me han recordado a ti. No por el color, no son comparables, sino por lo que me retransmitían. Han pasado los segundos, y después los minutos y he seguido allí, mirándola fijamente. A mí me han parecido apenas unos pocos segundos, pero me han avisado de que me estaba demorando y que por favor me diera prisa que llevaba ya un buen rato allí.
Qué ojazos. Si el cuadro de Santa Inés me ha dejado sin palabras, esto ha sido otro rollo. No me salen las palabras para definir lo que he sentido, lo que me ha retransmitido. Solo podía pensar en ti, solo podía pensar en que solo tu rostro le haría justicia a esos ojos, y digo solo porque durante unos instantes he dudado acerca de si le llegarías a la altura. Entre sonrisas y una leve decepción por mi parte por haber dudado de ti, me he dado cuenta de que no sois equiparables, no eres equiparable a nadie más; pero me ha puesto en serio aprietos.. Menudos ojazos.
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